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Cómo hacer desaparecer a una abuela enferma mental: confínenla en una celda de aislamiento

Por Helen Vera, Becaria del Proyecto de Prisiones Nacional de la ACLU
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Jan Green, una abuela de 51 años de edad, fue confinada a una celda de 7 pies por 8 pies

Jan Green, una abuela de 51 años de edad, fue confinada a una celda de 7 pies por 8 pies

April 24, 2014

Su celda estaba tan sucia que uno de sus calcetines se pudrió y adhirió a una herida abierta en uno de sus pies.  Durante dos años y medio, no tuvo una cama. Durmió en una estera en el piso. Sangraba sobre sí misma, porque la cárcel le negó toallas sanitarias.

Jan Green, una abuela de 51 años de edad, nunca fue sometida a juicio. Debido a sus dramáticos cambios de humor y psicosis asociados con su trastorno bipolar, Green fue declarada no apta para ir a juicio—lo que implicaba que debió haber sido hospitalizada para recibir la intensiva atención de salud mental que necesitaba.

Pero ocurrió lo opuesto. Poco después de su arresto, alguien en la cárcel escribió en su expediente médico que Green debía “ver a un psiquiatra ASAP” porque estaba alucinando. Green nunca fue tratada por un psiquiatra durante el tiempo que pasó en una cárcel de Nuevo México. En vez de eso, fue confinada a una celda de 7 pies por 8 pies en donde pasaría por lo menos 22 horas al día en total aislamiento durante largos periodos durante su tiempo tras las rejas. El confinamiento solitario empeoró su condición y como muchas otras personas que estado sujetas al aislamiento prolongado, su salud mental se deterioró aún más.

La Sra. Green todavía pudiera estar allí, esperando ser enjuiciada. Pero los cargos en su contra debido a dos casos menores de violencia doméstica fueron finalmente retirados y pudo regresar a casa con su familia.

La Horrorosa Prevalencia del Aislamiento

Tristemente, esta nauseabunda historia no es única. Existen más de 200,000 mujeres encerradas en cárceles y prisiones en este país. Estas mujeres son sometidas sistemáticamente al confinamiento solitario y pasan al menos 22 horas al día en celdas del tamaño de un espacio de estacionamiento, sin interacción con otros seres humanos durante días, semanas o meses.

El impacto psicológico negativo del confinamiento solitario es bien conocido. Se ha prestado menos atención a las consecuencias únicas que sufren las mujeres debido a la extensa privación social y sensorial producto del confinamiento solitario. Hoy publicamos un nuevo documento, Peor que Segunda Clase para tratar de llenar estas lagunas.

Es importante desenmascarar el mito de que el confinamiento solitario se usa solo contra “lo peor de lo peor”. De hecho, el confinamiento solitario se usa con frecuencia en contra de los más vulnerables: embarazadas, enfermos mentales, mujeres transgénero y—sorprendentemente—víctimas que reportan haber sido agredidas sexualmente por los guardias de la prisión. Como los guardias tienen la autoridad de imponerlo, el confinamiento solitario puede ser impuesto por razones increíblemente insignificantes, tales como poseer “contrabando”, tal como estampillas postales o materiales de lectura prohibidos; rehusarse a comer o “irrespetar” a un oficial o a otro prisionero.

Las enfermedades mentales pueden contribuir con este tipo de infracciones conductuales, lo que significa que las prisioneras son particularmente susceptibles a ser confinadas en solitario. De los prisioneros en las instalaciones federales, casi 50% más de las mujeres que los hombres son diagnosticadas con condiciones de salud mental. Cifras mucho mayores de mujeres en las prisiones estatales y cárceles locales han reportado padecer de problemas de salud mental que los hombres en situaciones similares.

Las mujeres también son particularmente vulnerables a ser confinadas en solitario ya que tienden a reportar abusos físicos o sexuales pasados, así como otros traumas, más que sus contrapartes masculinas. Continuamente surgen historias de mujeres que reportan violaciones y otros abusos sufridos a manos de los funcionarios del correccional y son confinadas en solitario. Las mujeres que han sido sexualmente abusadas por los guardias de la prisión se ven forzadas a enfrentar otro doloroso dilema: decidir entre reportar el ataque y arriesgarse a las represalias o no reportarlo y arriesgarse a más abusos.

A medida que la cifra de mujeres encarceladas aumenta a pasos alarmantes, las mujeres, sus familias y comunidades se ven cada vez más afectadas por lo que ocurre tras las rejas. Es inaceptable que mujeres como Jan Green sean confinadas en solitario para hacerlas desaparecer mientras sufren sin recibir la atención médica que necesitan. Es inaceptable que un guardia pueda tomar represalias en contra de una mujer que reporta haber sido abusada sexualmente encerrándola en solitario. Ha llegado el momento de hablar de cómo se trata a las mujeres en prisión—especialmente las mujeres sujetas a la privación social y sensorial del confinamiento solitario.

Lea Peor que Segunda Clase para conocer más acerca de los perjuicios y peligros únicos a los que están sujetas las prisioneras en confinamiento solitario y qué reformas son necesarias para darles solución.

 
 

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