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Guantánamo simboliza el fracaso de nuestro país para cumplir con el estado de derecho y los derechos humanos

A 12 años de su apertura, hay razones para tener esperanzas de que hemos llegado a un punto de inflexión
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January 22, 2014

Blog publicado originalmente en inglés como declaraciones de la ACLU en conmemoración del aniversario de Guantánamo.

Doce años han pasado desde que el primer prisionero llegó a la bahía de Guantánamo, por lo que es la prisión de guerra más antigua en la historia de EE.UU.. Guantánamo ha sido un fracaso catastrófico en todo sentido, y ya es hora de que se ponga fin a este episodio vergonzoso de la  historia de Estados Unidos. Casi 800 personas han pasado por las puertas de Guantánamo. Hoy en día, 155 permanecen allí. Setenta y siete de estos hombres han sido autorizados  para su liberación, la gran mayoría desde hace años, pero aun así esperan ir a casa, o esperan por una nueva vida en otro país.

La prisión de Guantánamo simboliza el fracaso de nuestro país para cumplir con el estado de derecho y los derechos humanos, y esta traición permanente de los valores estadounidenses socava nuestra posición ante el mundo y sirve como una herramienta de reclutamiento para nuestros enemigos. Seguimos deteniendo indefinidamente, sin cargos ni juicio, a sospechosos de terrorismo capturados lejos de cualquier escenario de guerra. Y seguimos confiando en las inconstitucionales y secretas comisiones militares para probar algunos de los casos más importantes de la historia de nuestra nación, a pesar de que los tribunales federales han demostrado ser fiables y seguros.

Al conmemorar este 12 aniversario, este mes, vale la pena detenerse un momento y reflexionar sobre el hecho de que la prisión ha estado abierta tanto tiempo, que la mayoría de los adolescentes y adultos jóvenes apenas recuerdan un Estados Unidos sin su prisión en Guantánamo.

Cada rama de nuestro gobierno comparte la responsabilidad por la mancha continua que es Guantánamo. El Tribunal Supremo se ha mantenido al margen mientras la Corte de Apelaciones de EE.UU. para el Distrito de Columbia ha socavado protecciones para los presos de Guantánamo, estableciendo las reglas a favor del gobierno y haciendo casi imposible para los presos desafiar de manera significativa su detención. El Congreso votó en varias ocasiones para restringir la autoridad del presidente para transferir prisioneros de Guantánamo –incluso aquellos autorizados para liberación. El presidente no vetó esas leyes y pudo haber hecho mucho más para cumplir la promesa que hizo sobre cerrar Guantánamo en su primer día en el cargo.

En la víspera del 13 º año de Guantánamo hay razones para tener esperanzas de que hemos llegado a un punto de inflexión. Ese punto de inflexión se produjo en gran parte debido a los prisioneros desesperados quienes organizaron una protesta en la única manera que sabían: una huelga de hambre, algunos al borde de una enfermedad grave, durante meses.

La primavera pasada, el presidente señaló su renovado compromiso de cerrar Guantánamo en un discurso en la Universidad de Defensa Nacional. Los enviados especiales para el cierre del campo fueron nombrados en el Pentágono y el Departamento de Estado poco después, y desde entonces el ritmo de las transferencias se ha acelerado. Luego, en diciembre, por primera vez, el Congreso redujo las restricciones onerosas sobre las transferencias de presos a otros países con la Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2014.

Aún queda mucho por hacer. El presidente y los enviados especiales tienen que trabajar duro para asegurar que todos los presos que no han sido acusados o condenados sean transferidos a sus países de origen o, si existe el riesgo de tortura u otros malos tratos, a un tercer país. El presidente también debe poner fin a las injustas comisiones militares de Guantánamo. Por su parte, el Congreso debe permitir las transferencias a los Estados Unidos para ser juzgado en un tribunal federal o por atención médica crítica.

Por el bien del imperio de la ley y los derechos humanos, la seguridad y los valores estadounidenses, y por muchas de las víctimas de Guantánamo, todas las ramas de nuestro gobierno deben trabajar juntas para asegurar que la prisión cierre para siempre.

 
 

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