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La Crisis en la Frontera Provoca Una Nueva Cerrazón Xenófoba de Una Vieja Desgracia – Campos de Detención

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August 6, 2014

Por Carl Takei, Proyecto Nacional de Prisiones de la ACLU

Este blog apareció originalmente en The National Journal.

Hace setenta y dos años, oficiales militares de Estados Unidos catalogaron a los japoneses-estadounidenses como “una raza enemiga”. Porque eran japoneses-americanos, el gobierno encerró a miembros de mi familia – junto con otros hombres, mujeres y niños – en campos de reclusión con alambrados de púas.

Esta historia familiar hace que para mí sea particularmente doloroso ver como nuestro país está enviando por un camino similarmente vergonzoso a las familias y niños Centro Americanos que buscan refugio.  En muchas ocasiones, Estados Unidos viola sus principios en respuesta al racismo vocal y xenofobia de algunos y al silencio de muchos otros que sólo ven lo que sucede.  

La decisión del gobierno federal durante la Segunda Guerra Mundial de encarcelar familias japonesas-americanas  fue el resultado de décadas de incitación racista contra la migración Japonesa. Cuando llegó la guerra, algunos estadounidenses blancos lo vieron como una oportunidad de retomar un país que sentían estaba siendo invadido por una raza extranjera.  Como lo dijo el agricultor Austin Anson al The Saturday Evening Post en 1942, “Se nos ha culpado de querer deshacernos de los Japs por razones egoístas… Lo queremos.  Es cuestión de si un hombre blanco vive en la Costa del Pacífico u hombres amarillos.  Ellos llegaron a este valle a trabajar y se quedaron para tomar el control.”

Otros nunca tuvieron claro lo que querían hacer una vez que los “Japs” estuvieran bajo arresto. A principios de 1942, el gobernador de Nevada, Edward Carville, escribió a las autoridades militares que si bien estaba dispuesto a aceptar la construcción de un campo de concentración japonés-americano en su estado, “No deseo que conviertan a Nevada en el vertedero de enemigos extranjeros y que anden por donde quieran.”

Hoy, la misma cerrazón xenofóbica suena contra las familias y niños de Centro América que buscan refugio en Estados Unidos.  Rush Limbaugh recientemente llamó a los niños “las fuerzas invasoras de extranjeros ilegales”. Ann Coulter acusó a los defensores de la reforma migratoria de “trabajar fervientemente para convertir el país en México”. Rep. Phil Gingrey, R-GA., médico, afirmó que las familias y niños que huyen de la violencia al sur de la frontera de Estados Unidos son “una grave amenaza para la salud pública” de los estadounidenses.  Y durante la ahora infame protesta y bloqueo de autobús en Murrieta, Calif., un hombre traía un letrero que decía “Murrieta no es el vertedero del gobierno federal.”

Por supuesto que la historia nunca se repite de la misma manera.  Los japoneses-americanos encarcelados durante la Segunda Guerra Mundial eran generalmente residentes de largo tiempo y ciudadanos estadounidenses.  En contraste, los blancos de esta última mezcla de racismo y xenofobia son los recién llegados – particularmente mujeres y niñas – que huyen de la atroz violencia en Centro América.  De acuerdo al Relator Especial de Naciones Unidas sobre la Violencia contra la Mujer, las muertes violentas de mujeres en Honduras han incrementado un 263.4 por ciento entre 2005 a 2013.  Y desde el 2008, las solicitudes de asilo de nacionales de Honduras, El Salvador y Guatemala han incrementado un 712 por ciento en México, Panamá, Nicaragua, Costa Rica, y Belice, de acuerdo con la agencia de refugiados de la ONU.

En Centro América, las pandillas actúan con impunidad.  Solo un ejemplo: Srita. L, una preadolescente que fue arrastrada de su casa y violada por más de una docena de pandilleros, de acuerdo a los ministerios Jesuitas en Honduras que trabajan en conjunto con grupos que asisten a niñas victimizadas por la violencia.  Después de reportar la violación en pandilla a la policía, ella y su familia empezaron a recibir amenazas de muerte.  Cuando un alberque declinó asistir a la Srita. L porque no la podía proteger de la violencia de pandillas, a ella o a las otras residentes del albergue, ella huyó del país.

Las familias centroamericanas necesitan que sus peticiones de asilo u que otro estatus legal de migración sea cuidadosamente evaluado en una audiencia justa, con representación legal, ante un juez de migración.  De hecho, la Unión Americana de Libertades Civiles presentó una demanda argumentando que cada niño debe de recibir representación legal en esas audiencias.  En cambio, un creciente número de mujeres y niños –muchos quienes han huido de verdaderas amenazas de violencia, agresión sexual, o incluso de muerte – están siento encerrados en centros de detención remotos, lejos de abogados de migración, y apresurando su proceso.  Esto está sucediendo sin que estas mujeres y niños reciban la oportunidad de contarles su historia a los oficiales encargados del asilo o a un juez.

Su detención es innecesaria.  Las personas a lo largo del espectro político han empezado a expresar la opinión de que las alternativas a la detención son mucho más humanas y efectivas, y mucho menos costosas.

Aun así, tal como la administración de Roosevelt usó el lenguaje de “necesidad militar” para cumplir con las demandas de los racistas anti-Japoneses de la costa oeste, oficiales de la administración de Obama han solicitado fondos para aumentar la “detención familiar” masiva de padres y niños Centro Americanos. La administración de Obama lo hizo no porque estas jóvenes mujeres y niños sean un riesgo para la seguridad pública, o porque la detención masiva sea necesaria para asegurarse que un individuo en particular se presente a sus cortes de migración.  En cambio, la actual administración lo hizo para “mandar un mensaje” a los otros Centroamericanos.  Como el Secretario de Seguridad Interna, Jeh Johnson, lo dijo durante un reciente tour a un centro de detención, la existencia de centros de detención reservado para familias con niños “es una prueba de que efectivamente mandaremos gente de regreso” a los países de los que están tratando de escapar.

En efecto ese es un mensaje vergonzoso – y  uno que las futuras generaciones harán bien en condenar.  Para permanecer en el lado correcto de la historia, la administración de Obama debe de parar la expansión de los centros de detención para familias.

 

Este artículo fue originalmente publicado por la revista en línea The National Journal en la página The Next America's Perspectives. El siguiente proyecto de The Next America project explorará las implicaciones políticas, sociales y culturales del masivo cambio demográfico que ocurre en la nación.

 
 

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