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Salir de la sombra

Por Deisy Hernández, Coordinadora de Extensión de la ACLU de Nevada
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Deisy y Estela

Deisy y Estela

December 10, 2014

Mi madre, Estela,  y yo llegamos a Estados Unidos en 1988. Tenía dos años de edad cuando crucé la frontera de EE.UU-México en los brazos de mi madre. Aún era muy joven para entender lo que estaba pasando, pero mi mamá me ha dicho muchas veces por qué nos fuimos.

Antes de emigrar, vivíamos en una pequeña granja en un área rural de Oaxaca, México. Su padre, mi abuelo, era granjero y no siempre teníamos suficiente para comer. Ella tenía 20 años en ese entonces y su familia, y mi propio padre, la habían abandonado. Creció en un hogar en donde mi abuelo la maltrataba a ella y a sus hermanos. Se esperaba que las mujeres de su familia fueran madres y amas de casa, y nada más. Ella temía por sí misma y por mí. Tenía miedo de que ambas quedáramos relegadas a una vida de pobreza con muy poca o ninguna educación. Mi madre soñaba con lograr mucho más para ella y para mí y sabía que Oaxaca tenía muy poco que ofrecernos.

Así que emprendimos el largo camino hacia California, en donde asistí a la escuela y eventualmente me gradué de la universidad. Mi madre tuvo a mi hermana aquí, una ciudadana estadounidense que hoy está por cumplir su tercer año en la universidad. Yo me convertí en organizadora por los derechos de los inmigrantes para poder ayudar a otras valientes madres, padres y niños que llegan a este país en busca de algo mejor. Mi madre ha trabajado sin cesar desde que llegó a EE.UU. —además de ser voluntaria en mi escuela y aprender inglés a pesar del cansancio que viene con tener varios empleos—y ha sido mi motivación e inspiración.

En el 2012, mi vida cambió y finalmente puede trabajar gracias al programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés). Gracias a esta medida temporal, tuve la oportunidad de aplicar al trabajo de mis sueños con la Unión Americana de las Libertades Civiles de Nevada. Pero aunque estaba muy contenta por este nuevo capítulo de mi vida, sentí como si estuviera abandonando a mi madre al mudarme de California a Nevada. Sin embargo, después del anuncio de la acción ejecutiva del Presidente Obama, finalmente puedo sentirme más tranquila sabiendo que mi madre está a salvo de ser deportada gracias al programa de Acción Diferida por Responsabilidad Parental (DAPA, por sus siglas en inglés). 

Ahora le toca a mi madre salir de la sombra. Ella se beneficiará del DAPA de muchas maneras. Ya no le dará miedo realizar actividades cotidianas que otras personas dan por sentado, tal como manejar al supermercado. Ella finalmente podrá viajar por el país y venir a visitarme. Además podrá trabajar y exigir con seguridad un salario justo sin temor a ser deportada.

Al final del día DAPA no es suficiente, pero es un punto de partida para muchos que como mi madre, merecen vivir sin temor y merecen que su humanidad sea reconocida.

 
 

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