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Un rayo de esperanza para algunas familias huyendo de la violencia

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Estatua de libertad estadounidense

Estatua de libertad estadounidense

Enero 30, 2015

Por Daniel Galindo

Cuando conocí a Milagro* y a sus dos niños pequeños hace algunos meses, ellos estaban detenidos en un centro de detención federal construido a la prisa en el desierto de Artesia, Nuevo México, esperando su deportación inminente a Honduras – una pena de muerte casi segura frente a la violencia extrema que les esperaría allí.

Pero ahora ella y sus hijos tienen una esperanza.

Después de escuchar la historia de Milagro – y muchas otras como la de ella – la ACLU y otras organizaciones presentaron una demanda en agosto para impugnar y sacar a la luz las políticas crueles de deportación en el Centro Residencial de Familias de Artesia, el cual priorizaba la rapidez sobre la justicia. Cinco meses después, el centro de detención está cerrado, y Milagro y sus pequeños no siguen detenidos ya que un juez de inmigración les acepto su petición de asilo.

Esta es una victoria para los derechos de los inmigrantes porque la historia que me contó Milagro es típica de las familias detenidas en Artesia. Ella huyó de Honduras después de que su pareja fue apuñalada hasta la muerte por unos hombres asociados con la pandilla Mara Salvatrucha 13.

Ella continuó viendo a los asesinos de su pareja en la calle, y cada vez la amenazaban a ella y sus hijos con matarlos. Cuando le pregunté si ella hubiera podido ir a la policía para buscar ayuda, Milagro lucho por no llorar al explicarme que la misma policía le teme a este grupo.

“Ellos no discriminan cuando matan,” me dijo ella. “Matan a los niños en la calle solo porque los niños cruzan su camino.”

Milagro fue arrestada en Texas pronto después de acabar la larga trayectoria de 1,600 millas desde Centro América. La despertaron una mañana a las cinco de la madrugada para una entrevista con un oficial de asilo. Ella no entendió el propósito de la entrevista ni que la probabilidad de recibir el asilo en él dependía mucho. Milagro tuvo que someterse a esta importantísima entrevista con sus dos niños brincándole por encima al no tener disponible el cuidado de niños. Ella me dijo que no quería hablar sobre su miedo de regresar en frente de sus hijos, y que le preocupaba que hablar de la muerte de su padre los forzaría a revivir la misma pesadilla que intentaban escapar.

Poco después de la entrevista, Milagro compareció frente a un juez por internet usando una cámara y sin abogado. Sin poder explicar completamente las razones por las cuales ella temía que la regresaran a Honduras, el juez de inmigración afirmó la orden de deportación.

Nosotros intervinimos para detener que el gobierno federal violara los derechos al debido proceso de la familia de Milagro y muchas otras familias como la de ella. Todos los 10, mujeres y niños Centroamericanos, que tuvieron la valentía de ofrecerse como demandantes en nuestra demanda vivieron violencia severa, y aun así el gobierno fue muy pronto a deportarlos a todos. Con la ayuda de increíbles abogados voluntarios, cada uno de nuestros demandantes ha recibido una nueva entrevista con un oficial de asilo. Y más importante, a cada familia demandante se les ha quitado la orden de deportación, han salido de la detención, y se encuentran en procedimientos de inmigración regulares donde, como Milagro, tendrán una oportunidad justa para alegar su petición de asilo. Por causa de estos acontecimientos, hoy nosotros voluntariamente desestimamos nuestra demanda, después de haber sacado a la luz las prácticas injustas de deportación en Artesia.

Todo, sin embargo, no está bien.

Mientras que el gobierno ha cerrado el centro de detención en Artesia, aún sigue apresurándose por deportar y detener a madres y niños que buscan el asilo, e incluso ha abierto otros centros de detención de familias para este propósito. La ACLU continúa luchando contra estas políticas, incluyendo por medio de una demanda contra la política del gobierno de negarles la libertad a las familias a quienes se les ha reconocido tener un miedo creíble a la persecución en sus países de origen.

Y para Milagro y sus pequeñines, la lucha continúa también: el gobierno ha decidido inexplicablemente apelar la decisión del juez de inmigración de concederles el asilo, y a ellos les enfrenta aun otra montaña que escalar en busca de una vida mejor.

*Milagro es un nombre que hemos escogido para proteger la identidad de nuestro cliente. Ella está nombrada en nuestra queja como M.R.R..

 
 

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